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Desmontando a Somatoline Cosmetic

Hace unos días que quiero escribir este post.

Si alguno de vosotros fuisteis tan valientes com para ver el final de mi primer -y por el momento único- videoblog, igual os estéis preguntando varias cosas. Una de ellas, si el Somatoline Cosmetic ha moldeado mi cuerpo como el de la chica de la publicidad.

Y siento deciros que no.

Pero vayamos por partes porque realmente no sabría deciros si ha tenido algún efecto, por pequeño que sea, dado que he estado saliendo bastante a correr, lo que, sin duda, me parece mucho más efectivo que cualquier otro tratamiento cosmético.

En primer lugar, ni de coña puedes darte la crema y tumbarte tan ricamente en la cama y dejar que haga todo el trabajo sucio. Y digo sucio literalmente.

Y si no, atentos a las dos siguientes fotos.

En la primera podéis apreciar los pantalones de mi pijama. No, no están viejos. Así es como se quedaron el segundo día que me di la crema.

Sí, es pleno verano y yo durmiendo con pantalones largos. ¿Por qué? Os preguntaréis. Muy sencillo.

La primera noche me di la crema -dormía con pijama de verano- y cuando Simón se despertó de madrugada reclamando su biberón descubrí, para mi sorpresa, que la cama estaba llena de partículas blancas. Vamos, llena de mierda.

Me dijo el chaval de la farmacia que era normal, pero el fabricante me lo podía haber advertido en las instrucciones de uso.

Vamos, que el cuerpo no absorbe la crema. Sino que esta forma una especie de película en las zonas donde la has aplicado. Al día siguiente me puse pantalón largo y por la mañana sacudí mi cuerpo y la ropa y en esta otra imagen podéis apreciar todo lo que cayó al suelo. Y no es coña.

Vamos, que no es tan idílico como las imágenes del anuncio.

Además, es bastante engorroso a la hora de aplicar -tienes que estar un rat0 dale que te pego masajeando la piel- y es muy muy importante lavarte a conciencia las manos porque como la crema entre en contaco con los ojos la has liado. Esto, he de decirlo, sí te lo especifican en las instrucciones.

Pero vamos a lo importante: ¿funciona?

Yo, sinceramente, creo que no. Que como tantos otros productos milagro son un poco engañatontos. Vamos, gástate 60 euros y sin mover una pestaña tendrás la figura deseada. Y por mi experiencia puedo deciros que quien algo quiere, algo le cuesta. No es tan sencillo.

He leído algunos comentarios en foros de Internet. Hay muchas chicas que dicen que funciona pero, sinceramente creo que es más el deseo de que funcione que una realidad. A nadie le gusta reconocer que se ha gastado una pasta en algo asý y que encima no funciona.

Éstas eran mis medidas antes y después de darme la crema -dos semanas-. Además, de las medidas tras un mes de entrenamiento.

Brazo:           26cm          25,5cm      25,5cm

Cintura:       84cm          83cm          77cm

Cadera:       98cm          96,5cm        96,5cm

Pierna:         56cm          56cm           56cm

Como podéis ver, los cambios más evidentes se aprecian en la cintura y la cadera y, sinceramente, creo que básicamente se debe aque el cuerpo todavía está volviendo a su sitio tras el parto -25 de mayo- y al ejercicio físico. No creo que la crema haya tenido ningún efecto.

En fin. Ésta ha sido mi experiencia con este producto. Una experiencia algo cara -casi 60 euracos-.

No os diré que no lo volveré a hacer, porque posiblemente utilice me deje engañar de nuevo.

Pero te digo una cosa. Si ahora mismo dudas entre comprarte la crema o salir a correr, mueve el culo y no lo pienses dos veces. Cálzate las zapatillas y sar a dar una vuelta. Aunque sólo sean 10 minutos. Te sentirás genial.

Porque ninguna crema del mundo te hace sentir tan bien como hacer algo de deporte.

Keep running.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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