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Entrenar duro empieza a dar sus frutos: 10km a 5,45

Hoy ha sido un rodaje duro pero muy satisfactorio.

He corrido 10km a 5,45 min/km. Todavía estoy bastante lejos de los 5 min/km anteriores al embarazo, pero me anima bastante empezar a rodar por debajo de 6.

He conseguido ir de menos a más, rodando en algunos momentos incluso en 5,30. Habitualmente no suelo rodar más de 8 kolómetros, así que mentalmente, ha sido un pelín duro, básicamente porque no quería bajar el ritmo. Así que he sufrido un pelín pero, como os digo, he terminado el rodaje más que satisfecha.

Sería una ilusa querer estar ya en los ritmos de hace un año y lo que realmente me anima es que el esfuerzo, la constancia y la paciencia empiezan a dar sus frutos.

Como ya os comenté, me falta meter también alguna sesión de gimnasio para coger algo de fuerza en las piernas que me permitar rodar más rápido y aguantar algo más de tiempo porque he notado que a partir de los 35-40 minutos, me falta algo de fuerza.

Aunque parezca una tontería, también me motiva bastante no ser siempre yo la adelantada. Vamos, poder pasar a algunos de los múltiples runners del Parque de las Cruces. Que siempre me adelantasen también me bajaba un poco la moral, jajaja.

Mañana, en principio toca descanso, pero igual si se nos da bien la mañana me acercaré un rato al gimnasio. Si no, lo dejaré para la próxima semana. Es lo que tiene tener a dos pequeñajos en casa. Bastante que estamos saliendo a rodar un montón.

Seguiremos informando.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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