0

Primer mes de entreno tras el parto: 90 km

¿No está mal no?

Hace justo dos meses di a luz y hace uno retomé mi pasión por correr. El balance es de unos 90 kilómetros. He perdido bastante tripa -aunque por mi inconstancia con los abdominales está bastante fofa-, pero nada o casi nada de peso.

La primera vez que comencé a correr me pasó algo parecido. Con lo que me costaba salir a correr y nada, no perdía ni un gramo. Mi chico me dijo que a la vez que se pierde grasa se gana músculo y éste pesa más que aquélla. Así que imagino que ahora me está sucediendo algo parecido. Paciencia.

No ha sido fácil, pero a lo tonto y a lo bobo empiezo a coger algo de fondo.

Como ya os conté, los primeros días fueron algo dolorosos. Las molestias en la rodilla derecha habían desaparecido pero a mi diafragma le costó acostumbrarse de nuevo a los rodajes. Muchas partes de mi cuerpo todavía estaban volviendo a su sitio y lo noté especialmente durante los primeros quince días.

Ahora, esas molestias prácticamente han desaparecido lo que también me ha ido permitiendo ampliar los minutos de rodaje.

Ya soy capaz de rodar durante una hora aunque todavía queda muchísimo trabajo por hacer.

De hecho, los ritmos de carrera siguen siendo muy muy lentos. En torno a 6 minutos el km -antes de quedarme embarazada estaba en 5-. Es algo frustrante, pero es cuestión de seguir entrenando.

En estos días de rodaje tuve algún que otro subidón de autoestima porque pensaba que iba algo más rápido pero, mi gozo en un pozo, el pulsómetro estaba mal calibrado y me estaba midiendo 170 metros de más por cada 1.000. Así cualquiera no??

Así que, una vez calibrado, mi pulsómetro me devolvió a la cruda realidad. Pero yo sigo luchando.

He tenido que cambiar mi estrategia de entrenamiento. He estado saliendo dos días sí y uno no pero he tenido que pasar a días alternos porque el segundo día de rodaje no rendía bien. Y parece que me funciona bastante bien por dos razones básicamente:

– Física: recupero fuerzas el día del descanso

– Psicológica: me agobia menos salir a rodar en días alternos que seguidos. Hay muchas cosas que hacer en casa y también necesito descansar y dedicar las mañanas a otras cosas.

Volver al gimnasio.

Aunque no me hace mucha gracia, voy a intentar meter un día a la semana una sesión de gimnasio para coger algo de fuerza en las piernas. La idea es hacer básicamente máquinas, poco cardio salvo para calentar.

Los días que he salido a rodar y me he encontrado más agusto he notado que a partir de los 30-35 minutos de rodajes, las piernas dejan de responder.

Con algo más de fuerza en las piernas creo que podré arañar algunos segundos en los ritmos del rodaje así como ampliar la duración de los mismos para poder realizar, al menos una vez a la semana, un rodaje largo -una hora y media estaría genial-.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *