0

Correr como el culo

No. No voy a hablar de culos ni se ven fotos de culos. Para eso podéis ver el anuncio vergonzosamente censurado de idealista.com

Sin embargo, he pensado que poner la palabra “culo” en el titular de mi post quizás daría un importante impulso al número de visitas de mi querido blog. Es broma.

En realidad, el título del post refleja a la perfección cómo ha sido mi rodaje de hoy. Malo, malo, malo…

Iba tan despacio que lo siguiente hibiera sido ir andando. Mi pulsómetro, con el que llevo ya unos dos años, me ha cogido cariño, como si de un buen amigo se tratara que no quiere decirme la dura realidad a la cara. “Chica, estás fuera de forma”.

Su pantalla me decía hoy que iba a 5,4 min/km cuando en realidad debía de ir, por lo menos, a 7 min/km. ¿Por qué? Porque en los últimos 10-11 meses se ha descalibrado -o como se diga-. Vamos, que no mide correctamente ni la velocidad ni la distancia.

Mi gozo en un pozo, porque en algún rodaje veía cómo el pulsómetro me decía que iba incluso cerca de 5 min/km. Unbelievable, vamos, increíble.

Pero no pienso deprimirme. No va en mis genes. Además, qué narices, apenas llevo dos semanas de entrenamiento tras mi segundo embarazo y apenas un mes y una semana después de haber dado a luz.

Sin embargo, y muchos de vosotros me comprenderéis, cuando has alcanzado un nivel de forma bastante aceptable -eso para mí era acercarme a los 5 min/km-, te fastidia, y mucho, encontrarte de nuevo tan lejos de ese nivel.

Paciencia. Eso es lo que necesito. Mi paciencia es inversamente proporcional a mi optimismo.

Me he planteado incluso cambiar algo el plan de entrenamiento. Ahora salgo dos días a correr y descanso uno. Igual debería salir a rodar día sí, día no.

Ayer acabé bastante satisfecha con el reodaje realizado y posiblemente hoy he pagado las consecuencias. En cualquier caso, no pienso tirar la toalla.

A cabezota no hay quien me gane.

Keep running

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *