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Peaso sorteo en Madresfera

Hace unos días llegó a mi correo uno de los mejores sorteos sobre productos infantiles en los que he participado hasta la fecha.

Lo organiza Madresfera, una página con acceso a los mejores blogs de padres y madres escritos en español, por haber alcanzado una cifra mágina: 300.

El producto en lidia es, ni más ni menos, una silla de paseo:  Avio de Inglesina!

¿Tiene muy buena pinta verdad????

Como sabéis, acabo de tener mi segundo hijo, Simón, por lo que el cuco y la silla de paseo de Nicolás, todavía están en muy  buenas condiciones. Tampoco tengo tantos seguidos en mi blog como para realizar un sorteo entre ellos. Además, desde que conocí este sorteo siempre he tenido a una persona en mente por si fuera la agraciada, aunque sé que es complicado que toque, entre otras cosas porque, afortunada en amoressss……

En fin, que si tuviera la gran fortuna de resultar ganadora me encantaría regalársela a una amiga, no de toda la vida, sino a una persona de esas que aparece en tu vida cuando más lo necesitas. Nos conocemos desde hace ya siete años y siempre ha estado allí.

Así que este post va por ella que volverá a ser mamá en octubre de un precioso niño.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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