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Y por fin llegó el gran día, bienvenido Simón

Simón ya está con nosotros. La espera ha sido larga pero ha merecido la pena. El pequeño quiso venir al mundo el 25 de mayo. Hoy, cuatro días después, ya estamos en casa.

El parto fue muy parecido al de Nicolás. Rompí aguas y todo se desarrolló muy rápido. Esta vez, sin embargo, he sufrido en mis carnes el dolor de las contracciones ya que al suceder todo de madrugada, intenté aguantar algo el dolor y cuando nos quisimos dar cuenta, en cero coma, estaba dilatada de siete centímetros.

“Niña, subimos a ponerte la epidural y te quedas ya arriba porque esto va muy rápido”, me dijo la matrona -¿o debería decir matrón-. Dicho y hecho, epidural -y menos mal porque nunca he tenido unos dolores tan insoportables-, y una hora después -si llegó-, abrazaba por primera vez a Simón.

El momento, tan alucinante como con Nicolás. Precioso. Y Simón, tan alucinante como su hermano. Igual de bueno, igual de bonito.

¿Se pueden tener mejores vistas en la habitación de un hotel?

Ahora toca recuperarse. De momento, parece que el postparto está siendo algo más llevadero que con Nicolás. Los puntos tiran menos -toco madera- y me siento mejor. Eso sí, la sensación de haber salido de un combate de boxeo es la misma.

Como os podréis imaginar, las ganas de volver a correr son tremendas. Pero para eso todavía habrá que esperar. Tres o cuatro semanas por lo menos y luego, ya se verá.

De momento parto con casi 7 kilos más que hace nueve meses. Espero perder un poquito más de peso en las próximas semanas. Si no, a rodar, rodar, rodar… Hay mucho tiempo por delante y muchas cosas por hacer. Disfrutar de mis hijos y mi pareja, lo principal.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

4 Comments

  1. ¡Enhorabuena, familia!

    Ya sabes que entiendo mejor que nadie tus ganas de volver a ponerte en forma cuanto antes, pero como tú misma dices, ahora a disfrutar del bebé y a intentar recuperar fuerzas, que es importante estar descansada para volver a hacer ejercicio 😉

    Besote!

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