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Faltan 5 días y Simón no quiere salir

El 21 de mayo salgo de cuentas. Me faltan cinco días. Pensé que al ser el segundo hijo, igual Simón quería salir antes. Pero creo que me equivoqué.

Llevo casi una semana pensando a cada segundo que en cualquier momento me podía poner de parto, pero nada.

Cada vez estamos más evolucionados pero el momento del parto, cómo se produce y cuándo, sigue siendo una incógnita. Tampoco en esta ocasión tiene que ser como con Nicolás, así que ¡sorpresa, sorpresa!!!!!!!!!

Llevo ya un par de días dándole menos vueltas al tema, pero lo cierto es que quiero que salga yaaaaaaaa. El pobre ya casi no tiene espacio para moverse y cuando lo hace, puede llegar a ser incluso doloros. Menudas patadas en las costillas.

Así que, aunque parezca mentira, en cuanto tengo alguna pequeña molestia pienso: por favor, que me duela más, quiero ir al hospital!! Estoy agotada. Han sido 9 meses muy largos. Con el estómago patas arriba. Y lo más importante, estoy deseando verle la carita al pequeño Simón.

Pero bueno. Ya estoy en la recta final. Sí o sí. Si no quiere salir, tendrán que hacerle salir. Espero poder contaros en el siguiente post cómo ha ido todo. Y espero no tardar mucho en hacerlo.

Después tocará la recuperación -postparto- y poco después, espero poder sacar algo de tiempo para ponerme de nuevo en forma.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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