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¿Es tan raro que una embarazada corra?

No es la primera vez que me hago esta pregunta. Y yo tengo clara mi respuesta.

Está claro que no todos los días se ve a una embarazada corriendo. De hecho, es muy poco frecuente, pero ¿tan raro es que una mujer en estado salga a correr cuando esta actividad física ya formaba parte de su vida?

Seguramente si se tratase de una atleta de élite, a muy pocos les extrañaría que siguiera corriendo o entrenando. ¿No? Sin embargo, si eres ‘amateur’ la cosa cambia.

Me hago esta reflexión porque hoy, una de las médicos donde voy a empezar con las clases de preparación al parto casi me corta el cuello cuando al preguntarme si hacía algo de ejercicio le he comentado que además de nada, elíptica y gimnasio, también he estado saliendo a correr.  Me ha echado una mirada asesina y me ha dicho, “no sé cómo te ha dejado tu ginecólogo”. A lo cual he tenido que responder que durante el primer trimestre seguí sus consejos y me cuidé. También es cierto que durante el primer mes, que ni te enteras que estás embarazada, seguí corriendo como si nada y, afortunadamente no tuve ningún contratiempo.

La verdad es que sobre este asunto no sé quién tiene razón. Leo cosas al respecto pero sin base científica para ser sincera. Y la verdad es que lo echo en falta porque el ‘NO PORQUE NO PORQUE LO DIGO YO’ de muchos profesionales no me convence.

Yo he corrido sin hacer burradas. Controlando mis pulsaciones y atenta en todo momento a las señales que me mandaba mi cuerpo. Hace ya un mes decidí que había llegado el momento de dejar de lado los rodajes porque la tripa me comenzaba a molestar.

Como le comentaba el otro día a una amiga. Los mismos que no se cansan de decirnos que las embarazadas no estamos enfermas y que se llevan las manos a la cabeza si les dices que has salido a correr media hora, son los mismos a quienes les parece de lo más normal que te levantes a las 7 de la mañana todos los días, todas las mañanas vomites y te sientas como si te hubieran dado una paliza, te tires siete horas sentada en una silla trabajando o de un lado para otro, llegues a casa, cuides toda la tarde de un niño de año y medio, tiendas la ropa, pongas lavadoras, hagas la cena y la comida del día siguiente, bajes al parque, hagas la compra, cojas al niño de 12 kilos en brazos……. pero oye, no corras 30 minutos que igual es malo para el feto. Jaaaaaaaaaaaaaaaa

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

One Comment

  1. En mi primer embarazo caminé muchísimo y mi parto fue súper fácil. Con mi segunda hija no pude ya que estuve con dolores durante todo el embarazo.

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