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Semana 30 de embarazo, como el km 30 en la Maratón

Hace un par de días que tengo en mente escribir este post haciendo una especie de similitud entre el embarazo y una Maratón. Dos carreras de fondo.

No en vano, imagino que ambas experiencias se viven con especial emoción. Se cogen con muchas ganas pero hasta que no estás en materia no eres plenamente consciente de dónde te has metido. Los primeros meses o kilómetros pueden ser muy cómodos o más duros de lo que te imaginabas.

De lo primero ya tengo algo de experiencia -éste es mi segundo embarazo- y de lo segundo, todavía no me he estrenado. De momento, sólo tres medias maratones, pero ninguna maratón. Pero bueno, ahí van mis reflexiones.

El pasado sábado comencé la semana 30 de embarazo y la verdad es que no la he estrenado todo lo bien que quería. La semana comenzó bastante cuesta arriba con mucho cansancio. El martes, apenas tenía fuerzas para levantarme por el dolor de cuerpo y de garganta causada por un fuerte resfriado.

El caso es que la semana 30 ha sido mucho más dura de lo que me imaginaba. En realidad ya llevo sobre mis espaldas buena parte del embarazo, pero todavía quedan unas diez semanas, que se dice pronto: algo más de dos meses.

El cansancio que he experimentado esta semana me ha recordado al que posiblemente sienten muchos corredores de maratones cuando se enfrentan al ‘muro’, al kilómetro 30. Ya llevan gran parte del trabajo hecho, como yo, pero sin embargo, todavia queda un importante esfuerzo antes de llegar a meta. El cansancio, imagino, comienza a pasar factura y el deseo por llegar a meta es muy intenso.

Sin olvidar el componente psicológico. Por lo que os decía antes. Ya he recorrido la mayor parte del camino. Queda poco, pero mucho al mismo tiempo. El estómago está mucho mejor que en los cinco primeros meses, pero de vez en cuando da guerra. A lo que hay que sumar las molestias típicas del tercer trimestre de gestación: se duerme peor, a veces dan como calambres en la tripa, comienzan a aparecer dolores lumbares y el deseo porque el tiempo pase más rápido se intensifica.

De la misma manera, como he leído sobre maratones o cuando alguien que ha hecho alguna me ha contado, en el kilómetro 30 de la maratón hay que ser muy fuerte psicoloógicamente hablando. Las piernas comienzan a flaquear, el deseo de llegar a meta va ‘in crescendo’ y el tiempo parece paralizarse.

Ahora que ya llega el final de la semana y que estoy a punto de estrenar otra, la 31, parece que veo las cosas de otra manera. Ya no quedan 10 semana, queda un poquito menos. Llega el fin de semana y unos días para recuperar fuerzas. El mes de marzo empieza a tocar a su fin y ya abril se ve con mejores ojos.

En el fondo, creo que todo está en el coco. Si controlas la mente es más fácil controlar todo lo demás. Sacar fuerzas de debajo de las piedras y llegar satisfecho a meta.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

0 Comments

  1. Me siento totalmente identificada contigo! Estoy en mi semana 30 y no puedo ni con el alma!! Me ha animado leer tus comentarios. Que tal la llegada a meta?

    • Hola!!! Pues la verdad es que la llegada a meta fue un sprint final. Me descuido y Simón se me sale, jajaja. Fue algo doloroso pero rápido. Dos semanas después ya se me ha olvidado.

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