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He tenido que dejar de correr, me paso a la elíptica

Era cuestión de tiempo. Durante los primeros días de febrero todavía pude salir algún día a correr. Sin embargo, la barriga no deja de crecer y el peque va ganando peso, así que finalmente decidí dejar de rodar y he optado por la elíptica en el gimnasio.

Además, las molestias en la rodilla derecha persistían así que agradecerá este parón que espero no dure más de cuatro meses.

El sábado comencé el tercer trimestre y no lo hice con muy buen pie: gastrointeritis o como me habría dicho el médico, “es un virus que se agarra al estómago”, así que he estado para el arrastre, como suele decirse.

Aunque me sigue dando bastante pereza, intento ir de dos a tres días a la semana al gimnasio -fines de semana incluidos, por supuesto-. Esto entre 40 minutos y una hora en la elítica. Entre 8 y 12 kilómetros, según se me dé el día y las ganas que tenga.

No he notado ninguna molestia en la rodilla ni molestias en la barriga. Aunque Simón no deja de crecer y se mueve un montón, me resulta bastante cómodo. Aburrido, pero cómodo.

Por pereza más que por otra cosa, apenas estoy haciendo máquinas y todavía no me ha dado por la natación.

No se habrá influido el ejercicio realizado durante el segundo trimestre pero la prueba del azúcar me salió dentro de lo normal y he conseguido evitar la tan temida segunda prueba del azúcar.

No puedo plantearme objetivos porque no sé cómo irá evolucionando el embarazo. Si me sigo encontrando como hasta ahora intentaré mantener un ritmo similar al actual. Sin embargo, tampoco descarto optar por las largas caminatas en la recta final. La cuestión es moverse algo.

Las náuseas matutinas prácticamente han desaparecido, aunque el cansancio algunos días está muy presente. Tengo altibajos, pero es mucho más llevadero con el estómago en su sitio.

Supongo que también influye el estado de ánimo, mucho mejor ahora que ya se empieza a vislumbrar la luz al final del túnel.

Hoy ha tocado la vacuna por lo del RH negativo y en 15 días o tres semanas toca la última ecografía, la de las 30 semanas.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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