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Apoyando un poco a Segovia: I Carrera Monumental Ciudad de Segovia

Es una pena, pero este año no podrá ser. La primera edición de la Carrera Monumental Ciudad de Segovia, que se celebra el próximo 12 de febrero me pillará con poco algo más de seis meses de embarazo. Así que, como os podéis imaginar, me la perderé. Sin embargo, desde aquí os animo a participar.

Por lo que he podido leer, el recorrido, de 10 km, es bastante similar a la primera parte de la Media Maratón. La prueba arranca a los pies del Acueducto y pasa junto a monumentos como la Casa de la Moneda, el Santuario de la Virgen de la Fuencisla, la Catedral, el Alcázar… Vamos, se trata de una de esas carreras en las que se disfruta muchísimo del entorno y, a diferencia de la Media Maratón, el recorrido es mucho más corto. Vamos, que se sufre menos. Además, estará algo menos saturada porque el cupo máximo son 1.000 atletas.

En este enlace encontraréis toda la información. Para los que sois de Segovia podéis entrenar en grupo, y para los de fuera, para reponer fuerzas también hay un precio especial para un menú gastronómico.

Yo he participado en tres de las cinco ediciones celebradas hasta ahora de la Media Maratón y me habría encantado poder participar en la primera edición de esta carrera.

Una lástima, pero el año que viene será.

Así que a todos los que os gusta correr y disfrutáis haciéndolo, de verdad que os lo recomiendo. Eso sí, al loro con las cuestas y con el frío, que en Segovia rasca bastante.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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