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Elíptica como alternativa al running para aliviar el dolor de rodilla

El miedo de los primeros días de rodaje ha dado lugar a la aparición de un invitado inesperado. Un dolor en la parte exterior de la rodilla derecha.

He salido a correr muy pocos días desde que comenzó el segundo trimestre de embarazo y las molestias iniciales de la pelvis -que achaco a los cambios que está experimentando mi cuerpo- y bajo las costillas -imagino por la falta de forma tras dos meses de parón-, han desaparecido.

Sin embargo, en las tres últimas sesiones ha aparecido el dichoso dolor en la rodilla. Me fastidia bastante porque -toco madera-, desde que comencé a correr hace ya cinco años, he conseguido evitar las lesiones. Sólo tuve molestias en ambos talones de aquiles durante mis primeros días de entrenamiento.

Me preocupa porque no sé a qué se debe. Yo imagino que puede ser por el cambio en el centro de gravedad de mi cuerpo y al ligero, aunque rápido aumento de peso: casi cuatro kilos en cuatro meses.

El primer día aparecieron en torno a la mitad del rodaje, a los 20 minutos más o menos. El dolor fue in crescendo y continuó posteriormente, incluso al día siguiente tenía molestias. En las dos últimas ocasiones que he salido a correr el dolor ha aparecido antes. Desde el principio, estabilizándose en un punto. Sin ir a más, pero sin llegar a desaparecer. El dolor continuaba el día posterior al entrenamiento.

Así las cosas, he decidido cambiar de estrategia. Aunque me aburre soberanamente ir al gimnasio, he decidido incluir varias sesiones con la elíptica, mucho menos -por no decir nada- agresivas con mis rodillas.

El objetivo principal es mantenerme activa, sentirme más ágil, controlar mejor el peso e intentar mantener, en la medida de lo posible, algo de fondo.

Hoy la experiencia ha sido buena, aburrida, pero buena. 40 minutos con las pulsaciones bajo control. Posteriormente ha tocado algo de máquinas para intentar fortalecer las piernas y para casa.

Creo que el viernes repetiré experiencia o probaré con la natación. Más aburrida si cabe, pero el fin de semana espero poder volver a rodar. Eso sí, intentaré hacerlo con unas taloneras para intentar mejorar la postura y no cargar tanto sobre la espalda.

Espero que con el descanso de casi una semana, la rodilla no me dé demasiada guerra, pero no confío demasiado en ello.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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