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Corriendo embarazada. Primeras sensaciones

Llevaba un par de meses esperando el OK del ginecólogo para volver a correr. Una vez recibido he vuelto a rodar. No tanto como me gustaría pero tampoco es cuestión de pasarse de la raya.

En los pocos rodajes que he realizado hasta la fecha son diferentes las sensaciones que he sentido.

Desinformación

Me imagino que son cientos, miles, las mujeres que corren durante el embarazo. Sin embargo, por mi escasa experiencia en el mundo de las carreras populares -apenas llevo cinco años corriendo-, nunca he visto a una embarazada corriendo por el parque. De hecho, tanto con el primer como con el segundo embarazo, he tenido que bucear por la red y por algunos medios especializados para encontrar información acerca de los beneficios, no sólo del deporte, sino de correr en el caso de mujeres embarazadas.

No hay mucha información al respecto, aunque he conseguido leer algunos testimonios con los que me he sentido muy identificada. Sin embargo, la información al respecto sigue siendo muy limitada a lo que se une el hecho de que muchas personas me miran extrañadas cuando les digo que he vuelto a correr, e incluso me echan en cara que lo haga.

Miedo

Por todo esto, cuando he salido a correr no he podido evitar sentir algo de miedo. ¿Y si le pasa algo al bebé?

Los primeros días de rodaje no he dejado de estar atenta a cualquier señal que me enviaba mi cuerpo, por pequeña que fuera. Ligeras molestias en la pelvis y bajo las costillas derechas o izquierdas… Ambas, imagino que normales, ya que con el embarazo son muchos los cambios que experimenta el cuerpo de una mujer, especialmente en la zona de las caderas. Además, llevaba dos meses sin correr, por lo que hacía falta engrasar algo mi cuerpo.

Este miedo del que os hablo me hacía correr de una manera algo rara. Apenas levantaba los pies del suelo e incluso creo que llegué a forzar la pisada, lo que posteriormente se ha traducido en algunas molestias.

Los rodajes posteriores han sido mucho mejores. He seguido atenta a los mensajes de mi cuerpo, pero me he soltado mucho más a la hora de correr, mucho más natural. Menos forzada.

Sin embargo, no sé muy bien por qué, han aparecido dolores en la rodilla derecha. En la parte exterior. Comienzo a rodar y casi de inmediato comienzan las molestias, así que creo que tendré que incluir sesiones de natación y elíptica.

Yo creo que se pueden deber al cambio del centro de gravedad, pero hasta que no dé a luz supongo que no lo sabré. En cualquier caso, también probaré con unas taloneras. Ya os contaré.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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