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Mis propósitos para septiembre. Por ganas que no falte porque si es por tiempo…

Hemos despedido un gran verano. No he hecho nada especial. Bueno sí, aprovechar al máximo el tiempo para salir a correr.

He pasado de correr una media de 80 km mensuales a unos 160 y los resultados no se han hecho esperar. Aunque ha habido algunos días algo flojos, he conseguido estabilizar los ritmos de rodaje en torno a los 5,10 min/km. Algunos días he conseguido incluso correr por debajo de 5. Todo un logro para mí.

Por eso, septiembre se presenta con muchas ganas pero con muy poco tiempo. Entre el trabajo y la familia será imposible mantener los ritmos del verano.

En el mejor de los casos saldré a entrenar cuatro días por semana. No está mal pero del dicho al hecho… a ver las fuerzas y ganas que me quedan cuando llegue a casa cansada.

La próxima semana mi chico empieza a entrenar a sus chavales de atletismo, así que me quedan libres los martes y jueves por la tarde, sábados y domingos. Habrá que sacar ganas hasta debajo de las piedras.

Por intenciones que no sea. Quiero seguir haciendo carreras populares. Me gustaría probar con algún cross. Las de montaña me parecen muy chungas.

También estoy pensando en comprar un remolque para salir a correr con el peque los domingos por la Casa de Campo y aprovechar para hacer rodajes más largos.

Puedo olvidarme de seguir un plan de entrenamiento aunque, a diferencia del año pasado, intentaré pasarme de vez en cuando por el gimnasio.

Por lo demás, rodar y rodar… e intentar mantener los ritmos actuales.

Como veis, demasiados propósitos y muy poco tiempo.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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