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Mi entreno de hoy, como la bolsa: euforia inicial para acabar pinchando

Vuelta a los rodajes en Madrid después de tres sesiones de entrenamientos por Segovia y no se ha dado nada bien.

De hecho, el rodaje de hoy guarda mucho paralelismo con el comportamiento de hoy de la bolsa española.

Después de trabajar el domingo hasta las mil y despertarme demasiado pronto, la siesta de hoy era obligada. Mi BCE particular comprando deuda española e italiana para coger fuerzas y recuperarme del cansancio de las últimas 24 horas.

He comenzado a correr bastante bien, con mucha fuerza, en torno a 5 min/km e incluso en algunos momentos por debajo. Vamos, igual que el Ibex 35 esta mañana cuando ha llegado a subir un 4%.

El ‘efecto siesta’ -intervención del BCE en los mercados- pronto se ha desvanecido y al igual que la bolsa española, me he ido viniendo poco a poco abajo para acabar pinchando: en torno a 5:30 min/km (el Ibex al final ha perdido casi un 2,5%).

Era el cuarto día de entrenamiento consecutivo tras rodar tres días por Segovia donde he realizado algún rodaje duro en cuanto a pendientes se refiere y que creo que también me ha pasado factura en la sesión de hoy.

Mañana toca relajar algo el cuerpo, así que me tomaré las cosas con más calma. Tendré que incidir algo más en los estiramientos que suelen brillar por su ausencia y un día de estos me van a dar un disgusto.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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