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Empezamos agosto con técnica de carrera

Hemos despedido un gran mes de julio que será difícil de superar y hemos comenzado el mes de agosto con técnica de carrera.

Hacía más de un año que no hacía nada de esto y me ha gustado. Más que nada por cambiar un poco el chip -sólo rodar y rodar-, aunque no es nada sencillo si se quiere hacer bien y que sirva para algo.

Según me explica mi chico, se trata de ejercicios de fuerza que nos ayudan a mejorar nuestra manera de correr y a detectar fallos derivados, en muchas ocasiones, de la falta de fuerza en determinados músculos. En mi caso, por ejemplo, noto que me fallan los cuádriceps.

He tenido que recordar algunos de estos ejercicios y reconozco que no se me ha dado demasiado bien. La coordinación no es mi fuerte y piernas y brazos iban cada uno por su lado en algunos de los ejercicios. Seguiremos practicando, aunque también necesitaré que me vayan corrigiendo fallos.

Antes de la técnica hemos rodado unos 20 minutos a un buen ritmo. Hemos realizado unos ejercicios de movilidad articular y flexibilidad activa -algunos entrenadores los llaman péndulos- y hemos terminado con otro rodaje de 20 minutos en donde me han pasado factura estos ejercicios. Las piernas han terminado cansada.

Aquí os dejo un vídeo que he visto en Internet con algunos de los ejercicios que he hecho hoy. 

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=YIw3YylqNHk]

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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