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Balance de julio: 165 km y 16 horas (un gran mes)

Despido el mes de julio muy satisfecha.

Va a hacer un año que di a luz y desde entonces, éste ha sido mi mejor mes.

El balance de los 21 días de entrenamiento han sido 165 kilómetros y más de 16 horas de rodaje.

Básicamente me he dedicado a rodar. De momento he aparcado cualquier plan de entrenamiento aunque mi intención para el mes de agosto es ir incorporando a los entrenos algo de técnica de carrera y, de cara a septiembre, introducir algo de gimnasio.

He tenido días algo irregulares ya que cuando he tenido un buen rodaje (algo por encima de 5 min/km) al día siguiente lo he pagado, pero, en general, las sensaciones han sido bastante buenas.

Los entrenamientos han tenido lugar mayoritariamente en Madrid, aunque durante una semana salí por la playa. Los rodajes fueron algo más lentos pero con muy buenas sensaciones a pesar de que pensé que me iba a costar más.

Cuando comencé a correr, hace ya cuatro años, mis primeros rodajes fueron por la playa y la verdad es que no tengo muy buenos recuerdos de ellos. Un rodaje de 20 minutos era eterno.

Despido el mes de julio con una pequeña molestia en el isquiotibial derecho, lo que me ha impedido realizar un último rodaje largo.

El 1 de agosto descansaré y comenzaré de nuevo el martes. Espero que las molestias hayan desaparecido como lo hicieron las del pie izquierdo. Creo que andar con calzado demasiado plano no es bueno para los pies. Tuve una molestia en el talón de aquiles que afortunadamente desapareció en cuestión de días y no me impidió entrenar con normalidad.

En julio no he hecho ninguna carrera popular y agosto no pinta tampoco muy bien. Intentaré retomarlas en septiembre.

Mi objetivo para el otoño es la Behobia de San Sebastián el 13 de noviembre. Un media que, por lo que me han comentado, está muy bien. Los paisajes deben de ser espectaculares.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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