0

Señor Gallardón, con la salud no se juega: “Agua ya en las fuentes de Madrid”

Llegó el calor y lo hizo con fuerza.

El lunes y el martes hemos vivido dos días de auténtico bochorno en Madrid y en toda España. Hemos llegado a alcanzar e incluso superar los 40 grados, unas temperaturas muy duras para salir a correr. La cosa se complica si encima, las zonas por donde sales a correr cuentan con bastantes fuentes pero todas ellas están capadas.

El objetivo de este post es denunciar una situación que se repite en varios parques de Madrid. Nuestro querido alcalde, el señor Alberto Ruiz Gallardón lleva dos años capando las fuentes de varios parques de Madrid. El Parque de las Cruces (Carabanchel) o el Parque Arias Navarro (Aluche) son sólo dos ejemplos. Aunque debo reconocer que hoy he salido a hacer algunas fotos y he visto que han puesto el pitorro a una de ellas, aunque hay que mover una palanca para que salga agua.

En la Casa de Campo me dicen que sólo están operativas la del zoo y la de Lago, mientras que las que están pegadas a la tapia se pueden abrir manualmente. Tampoco hay agua en las fuentes del Parque Tierno Galván, aunque en El Retiro me comentan que sí que hay.

No consigo entender por qué se empeña el Alcalde en cerrar dichas fuentes. Supongo que por ahorrar, teniendo en cuenta el agujero negro que ha creado en las cuentas públicas de la ciudad por una chapuza de gestión que pasa por la remodelación, una y otra vez de la sede del Ayuntamiento en el antiguo edificio de Correos y la puesta en marcha de Madrid Río donde, por lo visto, también se le han olvidado las fuentes.

No tengo informes ni datos para estimar cuánto se puede estar ahorrando exactamente con el agua de las fuentes. En mi opinión, la salud no tiene precio y con ella no se juega.

Y no lo digo solo por los deportistas que aprovechan el buen tiempo para hacer deporte -desde ciclistas, a corredores a gente que sale a andar– y que en estas fechas suele aumentar considerablemente.

Lo digo por los niños que salen a jugar al parque, las personas mayores que salen a andar… Por todas aquellas personas que, en un momento dado, y por las elevadas temperaturas pueden necesitar refrescarse.

Y no me vale con, “pues sal de casa con una botella de agua”, ” no salgas a las horas en las que aprieta el calor”… Primero, el agua se me puede acabar y segundo, si me apetece salir a correr a las 9 de la tarde, creo que tengo derecho a hacerlo y no por ello poner en riesgo mi salud.

El señor Gallardón está jugando con la salud de los madrileños y de quienes disfrutan de los parques de Madrid.

Sé que este post servirá entre 0 y nada, pero lo siento, no puedo callarme ante lo que me parece totalmente impresentable: Señor Gallardón, con la salud no se juega: “Agua ya en las fuentes de Madrid” 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *