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Sensaciones tras calibrar el pulsómetro (corro algo más rápido de lo que pensaba)

Hoy al final se me ha hecho algo tarde para salir a correr. Me han dado más de las 11:00 y en las temperaturas en las que estamos no es muy buena idea esperar tanto, pero había que salir. Además tenía que comprobar el ritmo de carrera tras calibrar el miércoles el pulsómetro un Suunto t4 del que todavía desconozco bastante de su funcionamiento, pero a eso le dedicaré otro post.

Tras el primer 800 comprobé que me había medido 30 metros menos. Lo ajusté y tras otros 800, la distancia ya estaba más ajustada.

Hoy era el primer día de rodaje tras calibrarlo y para mi alegría, parece que corro algo más rápido de lo que me marcaba antes de la calibración.

En total, casi 9 kilómetros y a una media de 5,30 min/km y unas pulsaciones medias de 147 pulsaciones. Bastante bien, aunque el principal problema es que me habría gustado ir algo más rápido pero sigo notándome sin demasiadas fuerzas en las piernas.

Sigo pensando que debería hacer algo para remediarlo. No sé si ejercicios en casa con las tobilleras lastradas y las mancuernas, gradas, cuestas, no sé…

A partir del tercer o cuarto kilómetro me he encontrado algo mejor pero no lo suficiente para apretar. He preferido mantener el ritmo. De hecho, creo que podría haber aguantado otros 4 kilómetros pero el calor me ha echado para atrás. Eso y la manía del señor Gallardón de cerrar todas las fuentes de los parques de Madrid. Seguiré insistiendo en su twitter a ver si algún día consigo que me explique de dónde viene esta manía tan estúpida.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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