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Más vale poco que nada (4,10 km en 0:20’27)

Hace tiempo leí que es mejor salir un rato a correr, aunque sea muy poco tiempo, que quedarse en casa de brazos cruzados.

Así que he decidido seguir este consejo. A ver cuánto me dura.

Como sabéis, apenas cuento con tiempo para entrenar. De hecho, con mucha suerte puedo salir a rodar tres o cuatro veces por semana. Pero, repito, con mucha suerte porque siempre surge algún contratiempo o alguna obligación que me impide correr todo lo que me gustaría.

Así que he decidido que, cuando pueda, aunque sólo sean 20 minutos, merece la pena salir a rodar un rato. Además, mi intención es salir a tope. Bueno, lo que para mí significa esta palabra es ir a 5 minutos o kilómetro o un pelín menos. Nada del otro mundo para muchos mortales pero un ritmo bastante fuerte para mí.

Mi entrenador personal, o sea, mi chico, me dice que como mantenimiento, esta opción me vale perfectamente, pero que  si lo que pretendo es mejorar los ritmos de la carrera necesitaría hacer series. Y, de momento, no está dentro de mis planes por la irregularidad de mis entrenamientos. Creo que si no sigo un plan en condiciones no tiene mucho sentido hacerlo.

Mi intención es poder salir a correr cinco o seis días a la semana aprovechando también el buen tiempo y que anochece mucho más tarde. Sin olvidar las carreras populares que pueda ir haciendo los fines de semana y que siempre son un buen termómetro de sensaciones.

Hoy me voy a dormir satisfecha. Y con ganas de afrontar toda la semana con fuerzas.

Os dejo aquí el vídeo de una canción que hacía mucho tiempo que no la escuchaba y cuando reapareció en mi mp3 me trajo a la mente muy buenos momentos.

Ahí van los Benito Kamelas junto a Poncho K.

“Aquellas cosas que solíamos hacer”

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=ZFo7rG1ac64]

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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