0

I Carrera Solidaria Santander (48,22 min-10KM) creo que el recorrido estaba mal medido

Escribo algo apresurada porque hoy me toca currar y no quiero dejarlo para más adelante.

Hoy he participado en la I Carrera Solidaria del Santander.

Desde el último domingo, cuando hice la Carrera Liberty no he podido salir a entrenar así que tenía mis dudas sobre cómo me podía salir.

Las sensaciones no eran demasiado buenas antes de comenzar la carrera. En el calentamiento no me encontraba demasiado bien, así que me he propuesto disfrutar de la carrera y olvidarme de los tiempos.

Cuando he llegado a meta me he quedado algo sorprendida con el tiempo que he hecho: 48 minutos y 22 segundos, frente a los 52 minutos del marcador de la meta. En la Carrera Liberty casi hice 51 minutos y hoy no me ha salido la carrera mucho mejor. Me he sentido mejor, pero no para que la diferencia fuera tan abultada.

Cuando he llegado a casa y he descargado los datos del pulsómetro he descubierto que éste me ha registrado 9 kilómetros y 200 metros. Vamos que casi me faltaba un kilómetro para los 10 km. Aunque mi pulsómetro no está bien calibrado, me parece bastante notable la diferencia. En la Carrera Liberty me faltaban 30 metros para los 10 km. Raro raro.

Distancias aparte os cuento cómo he vivido la carrera.

Los primeros dos kilómetros del recorrido han sido algo duros porque eran cuesta arriba. No me ha gustado por donde se ha desarrollado el primer tramo, no sólo porque fuera asfalto sino porque había demasiados pivotes por todo el suelo, farolas y mil obstáculos más, bastante incómodos para correr, pero sobre todo, bastante peligrosos.

Afortunadamente no ha habido aglomeraciones en estos primeros kilómetros y se podían esquivar sin demasiada dificultad. Mi consejo, de cara a la próxima edición es aprovechar las posibilidades que ofrece la Casa de Campo y evitar esta primera parte del recorrido.

Otra pega. Creo que el avituallamiento no estaba adecuadamente situado. Creo que no tiene mucho sentido ofrecer a los corredores aguas justo antes de una cuesta. Resulta bastante complicado hidratarse.

Por lo demás, bajadas, subidas durillas y de nuevo, bastante calor a pesar de que las previsiones de la última semana apuntaban a que iba a hacer algo de frío y que iba a llover.

Me han gustado bastante las partes del recorrido que discurrían por arena, mucho más agradable para la pisada.

Como os he dicho, he intentado disfrutar de la carrera, en la medida de lo que se puede porque no dejas de ir corriendo a un buen ritmo.

Las piernas me han respondido mejor de lo que esperaba, especialmente hacia el final de la carrera y en las cuestas abajo, cuando he intentado aprovechar para arañar algunos segundos.

Sobre la organización, creo que ha estado bastante bien. Sin aglomeraciones y sin problemas a la hora de recoger los chips y recuperar las mochilas. No ha habido tanta gente -al menos ésa es mi impresión- como en la Carrera Liberty y se ha agradecido. Hemos podido correr mejor, con más espacios.

Estos han sido mis tiempos. Tened en cuenta que el pulsómetro sigue sin estar calibrado. A ver si el viernes lo hago ya de una vez.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

0 Comments

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *