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Correr con un remolque y un niño, ¿una buena idea?

Con el nacimiento del peque tengo menos tiempo para salir a correr. Con suerte, tres o cuatro veces por semana. Y digo con suerte porque en ocasiones, aunque tengo tiempo, no puedo con mi cuerpo y me veo incapaz de salir a correr.

Por eso llevo semanas dándole vueltas a la cabeza buscando fórmulas para poder aprovechar mejor el tiempo y compaginarlo con el niño, hacerle también a él partícipe, desde pequeñito, de esta pasión.

He pensado comprar un remolque de esos que sirven para la bicicleta pero también para salir a correr. Pero me he encontrado con un par de problemas:

1.- No sé muy bien dónde buscar.

2.- Los que he encontrado a través de Internet son algo caros.

Esto último no es lo que más me preocupa porque me apetece un montón poder coger al peque y salir juntos a correr. Cualquier inversión en este sentido merecerá la pena. Salvo, claro está, que a él no le guste y no pueda utilizarlo.

Mi idea es poder salir con él, de vez en cuando. Correr un rato por el carril bici. Rodar tranquilamente y aprovechar otros días en los que pueda salir sola para hacer entrenamientos de mayor calidad y así poder ir mejorando poco a poco mi rendimiento.

Todavía no me metido en ningún foro para poder conocer las opiniones y las experiencias de otros corredores y agradecería cualquier ayuda y orientación en este sentido.

 

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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