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Mujer, madre trabajadora… no es fácil salir a correr

Ha pasado justo un mes desde mi último post. Soy un desastre.

Me habría gustado escribir algo pero el tiempo es bastante escaso cuando además de trabajar tienes a un peque en casa que no para de crecer y de pedir cada vez más atenciones. Menos mal, que es una fierecilla muy tranquila.

En el último mes he podido salir a entrenar una media de tres días por semana. No está mal. Menos es nada.

Todavía no tengo plan de entrenamiento para las distancias cortas y a este paso creo que llega el verano y mi chico todavía no se decide a diseñármelo. Es comprensible, entre oposiciones que no se convocan o se convocan, su curro y el niño, pues tampoco tiene demasiado tiempo, la verdad.

Estuve echando un vistazo al artículo que os comenté de Jerónimo Bravo en el que proponía diferentes planes de entrenamiento según el nivel, pero al no tener demasiado tiempo para entrenar, necesito algo más personalizado.

Tampoco me veo con las suficientes ganas para seguir un plan de entrenamiento porque cuando llego a casa y consigo un hueco para salir, me apetece simplemente correr, evadirme y hacer lo que me pide el cuerpo: trotar tranquilamente, hacer cambios de ritmo, correr fuerte…

He entrenado poco y carreras, ninguna. De hecho, una de mis citas para este año era la carrera de la Casa de Campo (16,5 km), pero se me pasó el plazo y no pude inscribirme. Pensé ir sin dorsal, pero habría tenido que ir sola, sin mochila para poder cambiarme, sin bebida ni comida para reponer fuerzas tras la carrera… así que mi gozo en un pozo. Me apetecía de verdad.

Por eso, no tengo excusa y espero despedir el mes con la Carrera Liberty, por el centro de Madrid. 10 km que espero poder hacer por debajo de 5 min/km. Estoy algo desentrenada, pero me veo capaz.

Además, siempre una carrera popular te hace dar más que en los entrenamientos, así que espero que ese día me acompañen las fuerzas y me respondan las piernas.

De aquí a los próximos quince días espero poder aprovechar el buen tiempo y el hecho de que anochece más tarde para intentar sacar algún día más de entrenamiento.

Comienza la cuenta atrás.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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