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Balance raquítico de marzo: 10 horas y 109 km

Aunque algo tarde, aquí está el balance del mes de marzo. Fue demasiado flojo y por eso creo que también me daba pereza escribirlo y dejar constancia de ello.

Era el mes de la media de Segovia y ni plan de entrenamiento ni nada. Con salir a correr tres días a la semana, si llegaba, podía darme por satisfecha. El frío, el trabajo y el cansancio hicieron mella en mi estado de ánimo.

Afortunadamente, abril se presenta mejor, aunque todavía sin plan de entrenamiento. Posiblemente a finales de esta semana ya lo tenga diseñado espero, que para el próximo mes o mes y medio.

Despedí el mes de marzo con 9 sesiones de entrenamiento frente a las 15 de febrero. Una cifra raquítica.

En total, poco más de 10 horas corriendo y cerca de 110 kilómetros. Un mes antes llegué a 14 horas y 136 kilómetros, pero hay que tener en cuenta que en marzo hice dos carreras, la de Ciudad Universitaria (14 km) y la Media de Segovia (21 km).

Poco os puedo decir que no sepáis. Pocos rodajes y muy mal la media maratón.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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