Cinco razones para correr la Media de Segovia

Sólo faltan nueve días para la Media Maratón de Segovia.

Es una carrera muy joven -ésta es su quinta edición-. Sin embargo, ha ido ganando año a año en popularidad como muestra el creciente número de inscripciones año a año.

¿Por qué os la recomiendo?

1.- La ciudad y el entorno. Si alguna vez habéis estado en Segovia y os ha fascinado y si correr es una de vuestras pasiones, la combinación de estos dos factores es espectacular. Todas las joyas de la ciudad están presentes en la carrera. Se sale del Acueducto, se pasa a los pies del Alcázar, por la Catedral… No se puede describir con palabras.

2.- El ambiente. Los segovianos, turistas, acompañantes de los corredores… todos se vuelcan con los corredores con gritos y palabras de ánimo a lo largo de todo el recorrido.

3.- La sensación de satisfacción una vez terminada la carrera. La de Segovia no es una media sencilla. Hay muchas cuestas y el 99% del recorrido es sobre asfalto y adoquines. Por lo que una vez terminada, la satisfacción es máxima.

4.- Tras la carrera y si el tiempo acompaña puedes volver a disfrutar de la ciudad, esta vez a pie. Comprobarás que has sido un afortunado al poder disfrutar de Segovia desde otra perspectiva.

5.- La gastronomía. No hay nada mejor para reponer fuerzas y energía que la oferta gastronómica de Segovia. Muchos restaurantes de la ciudad ofrecen a los corredores y algunos acompañantes un menú especial y a un precio bastante económico que consta de los platos típicos de la ciudad: judiones de La Granja, cochinillo, ponche segoviano…

¿Te animas?

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?