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Balance de febrero: 14 horas y 136 kilómetros

Aunque a priori las cifras pueden parecer buenas, no lo son. De todos modos, teniendo en cuenta que he vuelto a trabajar y que ahora cuento con un peque en casa, tampoco puedo quejarme.

Estoy intentando salir cuatro días a correr -martes, jueves, sábados y domingos- pero doy gracias cuando consigo salir tres.

La idea era comer algo rápido en el trabajo y salir a correr nada más llegar a casa, sobre las 15:30-16:00 horas, pero no ha sido una buena idea.

El cuerpo es muy listo y después de estar siete horas sentadas, las piernas necesitan descansar, descongestionarse. Además, he comprobado que no sólo las piernas no me responden, sino que me falta energía. Así que he decidido no volver a salir a estas horas cuando me toque trabajar salvo que sea absolutamente necesario y aún así, creo que tampoco lo haré.

Despido el mes de febrero con 15 sesiones de entrenamiento. Ha habido un poco de todo, desde un fartlek de 35 minutos -me quedé algo corta con el calentamiento- hasta un rodaje largo de casi 1:40.

En total, casi 14 horas corriendo y cerca de 136 kilómetros. Como digo, visto así puede parecer mucho, pero no lo es. Lo ideal habría sido poder entrenar unos 60 kilómetros semanales, lo que arrojaría un saldo de unos 240 kilómetros al mes. Vamos, unos 100 kilómetros más de lo que me ha dado tiempo a hacer, ahí es nada.

Las calorías, según me dice mi chico, no son significativas de cara al entrenamiento. Pero para que os hagáis una idea. He quemado este mes lo mismo que un ciclista en una sola etapa.

En marzo tengo una prueba antes de la Media Maratón de Segovia (27 de maro). El domingo 13 de marzo correré 14 kilómetros en Ciudad Universitaria. Una curiosa prueba ya que tiene un circuito de 7 kilómetros y puedes decidir si das una, dos o tres vueltas.

Los siete kilómetros se me quedaban cortos, así que he optado por los 14. Ya os contaré. La intención es aguantar a cinco minutos el kilómetro y si puedo, incluso bajar algo. En los últimos entrenamientos lo he conseguido, pero la distancia que he hecho ha sido bastante inferior: 8 kilómetros. Mi principal preocupación es que las piernas no respondan.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

0 Comments

  1. No seas tan autoexigente. 15 sesiones son la mitad de los días del mes, a una hora al día. Después de la vuelta al trabajo y con el niño tendrás que crear tus rutinas de nuevo. Algunos hemos bajado las sesiones a… cero!

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