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Mi plan para la Media de Segovia (I)

Escribo algo apresurada porque no tengo mucho tiempo. He vuelto a trabajar después de dar a luz y el trabajo y el niño no me van a dejar tanto tiempo para extenderme en esta aventura del blog.

Queda mes y medio para la Media Maratón de Segovia (el 27 de marzo) y ya casi he completado la primera parte de mi plan de entrenamiento.

Comencé con muchas ganas el pasado 18 de enero -hasta entonces sólo había estado rodando-, aprovechando que el peque comenzaba la guardería y tenía algo de tiempo libre por las mañana. Ahora eso se ha acabado y tendré que dedicar, con suerte, cuatro en lugar de cinco días a la semana para entrenarme.

Como digo, este fin de semana termino la primera parte de mi plan de entrenamiento que os detallo a continuación:

Lunes: descanso

Martes: 20 minutos de calentamiento y 10 cuestas. En el Parque de las Cruces he encontrado una cuesta de unos 100 metros y con la suficiente pendiente. Total, 10 cuestas y recuperación de 4 a 5 minutos, aunque en realidad conseguía recuperar en algo menos, minuto y medio-dos minutos. Vuelta a la calma, otros 10 minutos.

Miércoles: 45 mminutos de carrera continua a un máximo de 160 pulsaciones.

Jueves: Fartlek o cambio de ritmos. 20 minutos de calentamiento y tres cambios de ritmo de tres minutos cada uno y recuperación entre cada uno de ellos de otros tres minutos. Vuelta a la calma, 10 minutos. Parece sencillo, pero no lo es. Los cambios de ritmo, a tope, cerca de las 170 pulsaciones.

Viernes: descanso

Sábado: 45 minutos de carrera continua a un máximo de 160 pulsaciones.

Domingo: Rodaje largo. 90 minutos entre 140 y 150 pulsaciones por minuto.

La segunda fase durará unas tres semanas. En breve la publicaré.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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