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¿Cómo empecé a correr? Aquí están mis trucos

Hacer ejercicio cuando te has acostumbrado a llevar una vida sedentaria no es sencillo. Lo digo por experiencia. Por eso me gustaría compartir con vosotros algunos consejos que, al menos a mí, me han funcionado.

1.- Ponte las zapatillas y sal a la calle. Correr es gratis y no está sujeto a horarios. Si tienes un hueco no lo pienses dos veces. Cuando quieras darte cuenta estarás de vuelta en casa con una enorme sensación de satisfacción en el cuerpo.

2.- Busca un compañero de aventuras. Los primeros días son los más duros. A mí me dolía todo el cuerpo y me costaba respirar. Cuando llegaba a casa pensaba que correr era un auténtico sufrimiento y que quizás era mejor tirar la toalla. Mi pareja no me dejó. Me decía que me sentiría así durante los primeros  días, el primer mes incluso, pero que poco a poco mi cuerpo de adaptaría y me costaría mucho menos. La pareja, un amigo… anima a alguien a salir a correr contigo. Cuando te fallen las fuerzas o no tengas ganas, esa persona tirará de ti, si no siempre, sí muchas veces.

3.- Sé constante y ten un poco de paciencia. Este consejo va de la mano del anterior. Los resultados no son inmediatos. De hecho, al principio no notarás la pérdida de peso. Según tengo entendido, al correr se quema grasa pero se aumenta la masa muscular. Pasados varios días e incluso algunos meses realizando ejercicios, la báscula no te dará ninguna sorpresa positiva. ¿Por qué? El músculo que está reemplazando a la grasa pesa más. De todos modos, notarás que tu cuerpo está más firme y tonificado. No te desesperes, acabarás perdiendo peso. Pero para eso no hay que tirar la toalla.

4.- Empieza poco a poco. Combina la carrera con el paseo. No pretendas salir todos los días a correr. Al principio no podrás porque te dolerá todo el cuerpo. No obstante, creo que es muy importante que salir a correr se convierta en una más de tus rutinas, como ir a comprar una vez por semana, sacar a pasear al perro o ir a la escuela de idiomas. Elige cuándo te viene mejor salir a correr y respétalo.

5.- Cuidado con el calzado. Ya he dicho que salir a correr es gratis. Sin embargo, procura utilizar unas zapatillas apropiadas, con algo de amortiguación. De lo contrario sufrirán tus rodillas, tus caderas, el talón de aquiles, incluso tu espalda. Si finalmente correr se convierte en una de tus pasiones ya invertirás algo de dinero en unas zapatillas apropiadas según tu pisada. Por esto mismo, procura evitar superficies duras como el asfalto o las aceras. La mejor opción, siempre que sea posible, son los parques que cuenten con zonas de hierba y caminos de tierra.

6.- Si tienes ropa que transpire, mejor que mejor. No es imprescindible pero ahora que hace frío, si sales a correr con ropa de algodón y te paras por el cansancio, estará mojada y te quedarás helada/o.

Elena Sanz Álvarez

Llevo corriendo desde 2005, el mismo año que conocí a mi pareja, hoy mi marido. Antes de conocer a Tony jamás pensé que correr pudiera convertirse en una de mis grandes aficiones. Porque los comienzos no fueron nada sencillos. Cuando tu cuerpo lleva demasiados años postrado en un sofá o en la silla de la oficina, poner un pie detrás del otro a cierta velocidad no resulta nada sencillo. Los primeros días, las primeras semanas, incluso los primeros meses, odiaba correr. Era una auténtica tortura y, las famosas endorfinas en raras ocasiones hacían acto de presencia. A pesar del sufrimiento, no tiré la toalla. Tenía un objetivo -perder algunos kilitos de más- y estaba dispuesta a conseguirlo. A mi lado tuve siempre a Tony. No solo me orientó en mis comienzos, aconsejándome, por ejemplo, que me apuntase a un gimnasio para preparar a mi cuerpo para el esfuerzo al que iba a someterle, sino que, ante mi frustración por no aguantar más de cinco minutos seguidos corriendo y la ausencia de pérdida de peso, me empujó a seguir adelante y a no tirar la toalla. Ha llovido mucho desde entonces y, desde hace casi diez años, nunca he dejado de calzarme unas zapatillas, excepto durante el parón forzado durante mi primer embarazo. Sin embargo, sí corrí lo que mi cuerpo y mi rodilla derecha me permitieron durante mi segundo embarazo. Hasta he corrido una maratón, a pesar de repetir hasta la saciedad que nunca -o al menos hasta que mis hijos no fueran mayores-, que nunca correría una. Hoy en día no concibo mi vida sin el running, sin unas zapatillas de correr, sin un rodaje por el parque. Corro por el simple placer de correr y por el subidón que me produce superarme a mí misma un poquito cada día. Ya no corro para perder peso, corro porque me niego a que el sedentarismo se apodere de nuevo de mí y porque cuando me calzo unas zapatillas me siento viva. Tengo dos hijos, trabajo y a mis días les faltan horas pero me organizo para poder salir a correr. No valen las excusas. Y a ti, ¿no te gustaría darle una oportunidad?

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